Límites, límites y más límites

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Educar no es fácil. Si no, pregúntale a tus padres, mentores y profesores. De adultos creemos que somos personas civilizadas y responsables solo por nuestros esfuerzos. Claro, cada uno hemos hecho camino propio, no le quito mérito. Pero nos guste o no, la persona que somos es en gran medida la que nuestros padres, mentores y educadores, forjaron en nosotros.

Hoy vivimos una gran problemática. Estamos rodeados de violencia en todos los entornos. Desde casa con maltrato y abusos, muertes por bullying, como lo fue el caso de Héctor Alejandro Méndez Ramírez en Tamaulipas, o de asesinatos en escuelas cometidos por jóvenes, como pasó hace 15 años en Columbine (entre tantas más).

De todo lo que veo, lo que más me preocupa son nuestros jóvenes. ¿Cómo es posible que ellos sean los que estén detrás de tanta violencia? Discúlpenme, no lo entiendo.

Desde el punto de vista psicológico, cada niño nace con un temperamento y según lo que vive, crea su personalidad. Me explico:

Un niño extrovertido lo más seguro es que toda su vida disfrute de eventos sociales y estar rodeado de gente. Se llena de energía. En cambio, un niño introvertido, no se sentirá tan cómodo como el primero y al contrario, perderá energía con tanta gente.

Ese temperamento con el que todos nacimos, se va modificado por las vivencias y la formación que recibimos en la infancia y adolescencia. A esto le llaman la personalidad o el carácter, por eso se considera como nuestro verdadero YO.

Lo interesante es que niños con diferentes temperamentos, como lo es ser introvertido o extrovertido, pero que tiene un mismo aprendizaje y experiencia, por ejemplo, una violenta, tóxica, y/o sin límites durante su formación, acaba teniendo una personalidad agresiva más adelante.

ESTE TIPO DE PERSONALIDAD EN LOS NIÑOS SE LLAMA: SÍNDROME DEL EMPERADOR O NIÑO TIRANO. LAS RAZONES MÁS COMUNES SON:

  • Predisposición genética de un temperamento violento sin guía ni contención.

  • Familia en la que se vive conflictos, cambios, o violencia, la cual crea un ambiente tóxico para los niños.

  • Falta de límites de parte de los padres y mentores.

Estoy convencida de que los niños no nacen malos, se hacen así de adultos por falta de guía y límites. Nos asusta pensar que como padres tenemos esa responsabilidad. Las decisiones que tomemos o dejemos de tomar, tienen consecuencias. Unas más grandes que otras, pero nuestro ejemplo y guía, las impacta más de lo que pensamos.

Tenemos miedo a decirle “no” a nuestros hijos. No, a un juguete por el berrinche. No, a poner límites porque no queremos que sufran. Desgraciadamente lo único que estamos logrando es crear a un niño con exigencias, derechos y privilegios, pero sin esfuerzo, consideración, ni empatía para los demás. La buena noticia es que estos comportamientos aprendidos se pueden cambiar. Lo difícil es que requieren de mucha paciencia, guía y contención de nuestra parte.

¿CÓMO LOGRAR FRUSTRAR (AMOROSAMENTE) A NUESTROS HIJOS Y HACERLOS RESPONSABLES DE SUS ACCIONES?

  1. Ayúdalos a manejar su frustración. Guíalos con un tono y trato amoroso. No se valen gritos y mucho menos golpes. Explícales que en efecto están frustrados y enojados. Tranquilamente repite (las veces que sean necesarias) que no pueden tener eso que piden. Debemos ser consistentes y aprender a tolerar sus berrinche. Hay que acompañarlos en su frustración.

  2. Dales un lugar seguro en el que puedan físicamente sacar esta frustración y enojo. Por ejemplo, a mis hijas les compré unos sacos de box de juguete en los que pueden sacar su enojo. De esta manera no reprimes sus emociones (que no son ni buenas ni malas), pero sí logras canalizar esa energía y sacarla sin lastimar a nadie.

  3. Límites, límites y más límites. Los niños necesitan saber qué pueden o no hacer. Les da seguridad y tranquilidad estar en una casa en dónde las cosas se pueden predecir y, les guste o no, todos están bajo las mismas reglas. Un niño con límites es mucho más feliz que un niño al que le dan todo.

  4. Pon consecuencias de sus actos y cúmplelos. Para no entrar en discusiones con tus hijos, escribe en una cartulina actos y consecuencias que tu hijo va a tener en ciertas situaciones. Que él o ella lea esto contigo y firme que está de acuerdo. Cuando suceda un berrinche o agresión, vayan a esa cartulina, lee la consecuencia que le toca a ese acto y con tranquilidad, cúmplesela. (Espera su berrinche, pero no cedas.

  5. Si has hecho todo lo anterior y aún sigue actuando muy agresivo, te recomiendo ir con un psicólogo para que haga un diagnóstico. Siempre es bueno tener una opinión educada en el tema ya que puede ser que tenga algo más que no estas considerando.

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Educar no es fácil, pero para nuestros hijos, siempre seremos su mejor opción.

Mamá Gallina

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